“Había una vez un buen pastor, que un día se escapó con la oveja más negra del rebaño. Nadie podía explicarse como un hombre tan bueno se había dejado seducir por aquella putilla de mala entraña. Cierta vez sus antiguas ovejas, que por supuesto eran todas mestizas, los vieron bajar juntos de un corvette amarillo . Cuando le preguntaron de donde había sacado ese coche tan lindo y tan cabrón, el pastor les contó que se había ganado el dinero apostando la lana de su oveja negra, y ellas, claro, se derretían de rencor, por que sabían que nunca en sus re corrientes vidas iban a tocar un coche tan lindo y tan cabrón. Pero se equivocaban, por que al siguiente día vino el corvette y las atropelló, por envidiosas. Mientras sus almas de borrego rascuache se elevaban al cielo se escuchaba una voz en la tierra diciendo: yo soy el buen postor, quien apueste por mí no volverá a ser prángana “.