:: El Demonio De Tu Guarda ::

Ay, mi Diablo Guardián: Dios te lo pague!

En esta nota: Cinco años de distancia . . .


Yo he de vivir un poquito a tu lado, con tus enojos y tus rabietas de niña cabrona, y has de enfermar, tu, mi alma, sin cura que la despoje, ni santo que la absuelva . . . has de ser cada momento, cada soplo que entre la lluvia viaja, has de ser nube y noche despejada para salir a fumar al balcón. Y yo he de vivir un poquito de ti mientras me matas, acurrucada detrás de mis recuerdos entre sien y sien.

Déjame la costilla rota, quiero confundir este dolor . . .


A Carolina, con cariño . . .




Augusto Ángel Grajales Manzo

0 comentarios:

Publicar un comentario

Ángel . . .



>
> De Quien Dicen El Mensajero De Dios!!

Para quienes no me conocen puedo decir que soy al que buscaban, que soy el viento, el agua y la voz que sale de tu garganta, que soy amigo de mis amigos y de mis enemigos, quien quiere darles siempre la mano. Soy un hombre libre, con las manos atadas a tantos sueños que desde hace mucho persigo, algunos ya vienen en las bolsas de mi pantalón. . . otros, siguen corriendo.

Soy joven sin que esto me lleve a decir entre labios mil excusas para no pagar por mis errores, soy necio, soy obstinado con todo intento. Algunos dicen por ahí - percepción aparte - que soy simplemente un maldito, que tengo todo lo que necesito, una mujer a la que amo, amigos en cada pueblo que visito, un atado de pescado, un poco de aguardiente y mucho cielo pa' volar.


Para mis padres quizás soy un sueño, para mis hermanas el hermano de en medio, para el resto de mi familia soy el que no espera los momentos.

Estudio por amor a lo que hago, no por convicción ni deseo. Trabajo cada noche con la alegría, con la luz de aquella niña, que me enseña a ser quien soy y por las madrugadas espero a que salga el sol para volver a mi misión.

Suelo llegar cuando no me esperan, asomarme a donde no me llaman, decir lo que me taladra, cansar con mi lucha para convencer con mis palabras de que quedarme quieto es peor que ponerme a soñar. . .